EL DEBATE DE LA TARIFICACIÓN VIAL

traffic draw

Los ministros de las carteras de Obras Públicas y Transporte, señores Sergio Bitar y René Cortazar, han abierto a debate público una posible tarificación vial en Santiago. Ventajas, desventajas, objetivos, consecuencias, en fin, el debate está abierto.

La tarificación vial es, en los términos competentes a éste debate, un cobro asociado al uso de ciertas calles, por los automóviles, en determinados sectores de la capital. Por una parte, pareciese ser contraintuitivo pues los lugares donde eventualmente se realizarían estos cobros, ya fueron construidos y debidamente cobrados a través de diversos formatos como peajes (en el caso de sectores de vialidad concesionada), impuestos, patentes, etc (en el caso de sectores de vialidad pública). ¿Es correcto que se produzca esta doble recaudación? ¿Para donde irían eventualmente estos nuevos fondos recaudados y en qué serían utilizados? Preguntas que sin lugar a duda comenzarán a surgir a medida que este debate se pasee por distintos sectores políticos y técnicos.

Resulta tremendamente intuitivo y tentador plantear una solución de tarificación vial teniendo en cuenta los problemas urbanos de nuestra capital. Congestión y contaminación son a todas luces, dos de los grandes problemas que podrían ser solucionados -al menos en parte- por una política pública como esta. En términos de congestión, probablemente se mejoraría el rendimiento promedio en los viajes en los sectores intervenidos sin embargo esta medida puede resultar discriminatoria pues sólo pagarían aquellos con alta disposición a pagar o con alto poder adquisitivo. De ésta forma puede resultar siendo una política pública regresiva en términos de equidad social. Hablando de contaminación, sí se podrían observar efectos netamente positivos pues la tarificación vial funcionaría como desincentivo al uso de automóviles. Antes de pagar la tarifa me preguntaré si realmente vale la pena ir en vehículo a ese lugar -optando quizás- por el transporte público o por otras alternativas como compartir viajes con vecinos, colegas o compañeros de destino. A esta reducción en el tráfico se le asocia la coherente disminución de las emisiones respectivas CO2, PM-10, etc y una considerable disminución en la demanda energética como el petróleo.

Por otra parte, el análisis económico de esta medida nos vuelve a confundir. La razón nos lleva a asociar precios altos a buenos servicios y precios bajos a servicios de mala calidad. Lo anterior apunta a que en términos prácticos, el individuo tendrá que pagar más por transitar por los lugares de peor congestión (peor calidad del servicio). Cosa rara ésta, la de la racionalidad económica, que en este caso presenta una solución positiva en algunos aspectos pero que atenta contra las leyes de mercado.

Pero el debate no termina acá, pues las aristas son muchas y la decisión final, sin duda alguna, considerará un trade off entre los aspectos que se ganan y que se pierden implementando o no esta potencial medida. Sigamos adelante.

Una de las problemáticas que tendrán que enfrentar quienes promueven esta iniciativa es el hecho de que la reducción de usuarios de automóviles provocará un aumento en los usuarios del transporte público. Entonces cabe preguntarse, ¿está el transporte público (Metro, Transantiago, taxis, etc.) en condiciones de absorber la demanda adicional? Me parece que existe consenso en este tema pues pese a las notorias mejorías que se han observado en el Transantiago desde su implementación, sería una locura inyectarle una exigencia de este calibre. Otra problemática es que la medida es antipopular y políticamente costosa. A los crecientes precios de los alimentos, las viviendas e inflación en general, los individuos no mirarán con buenos ojos el tener que sumar una nueva alza en sus cuentas personales.

Pero ojo, esta iniciativa no es una iluminación chilena. Se ha aplicado en diversos lugares del globo con distintos resultados. Por ejemplo, en la ciudad de Nueva York se propuso hace un tiempo la opción de tarificación vial para el condado de Manhattan dado sus grandes niveles de congestión. Sin embargo, a circulado por los diarios por estos días declaraciones del actual alcalde de la ciudad, Sr. M. Bloomberg comentando las enormes dificultades que han enfrentado en su implementación. Clave será a mi juicio, el correcto análisis de la experiencia en otros lugares, para luego, sumado al entendimiento del contexto nacional, se logre tomar la mejor decisión, tanto para las personas como para el entorno en el que viven.

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