
Ayer miércoles 11 de Julio, se realizó una charla sobre Filosofía y Valores Humanos, a propósito de la celebración de los 50 años del Asociación Cultural e Internacional Nueva Acrópolis. Este centro, promueve los valores y métodos del mundo filosófico al ciudadano común y corriente, distinguiendo entre quienes ejercen la filosofía como individuos que aman y buscan la sabiduría (de la etimología de filo-sofia) a través de las vivencias o de la vida en sí, y aquellos que se nutren del estudio de ésta, a través del conocimiento y entendimiento del pensamiento de los filósofos pasados y presentes. Esta distinción entre filósofos y filosofistas es una invitación para sentirnos buscadores de sabiduría independientemente de nuestro oficio o profesión, pues establece que el filósofo es quien se pregunta e interesa por las temáticas de la vida sin importar el grado educacional que tenga. Por ende, filósofos todos, y de sobremanera aquellos que dedican más tiempo al existencialismo y los misterios de este mundo tan misterioso. De todas formas, hoy por hoy, el autodenominado filósofo sufre de una etiqueta extraña para la época clásica. Se le relaciona con la soberbia (sentirse más sabio) y con la ambigüedad (pues poco concluye). Extraña por que el mismo Sócrates, catalogado por el Oráculo como el hombre más sabio de Atenas admitía que nada sabía como explicación de su saber. En esta línea, el sentirse filósofo no es nada más que reconocer la ausencia de sabiduría, al ser el fin de éste, su búsqueda y no su coronación. Más soberbio y ambiguo será el filosofista quién estudiando lo que otros han pensado se presenta como el que mejor entiende las cosas. Sin embargo, pienso yo al igual que muchos, que el proceso filosófico tiene que ver con la búsqueda interna: la propia capacidad del hombre para formularse preguntas y respuestas en dirección de un mejor entendimiento del fenómeno humano y lo externo a él. Y no tiene que ver con los resultados tanto como con el acto per se de pensar. No hay que temerle ni a la filosofía ni al sentirse un filósofo en el mundo. Más el que piensa que el hacerlo es inapropiado, soberbio, ambiguo o cualquier otra cosa, que se de cuenta que al formular aquella teoría, no esta haciendo mas que filosofar.


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