Camine 10 cuadras (o algo así) hasta la rotonda esa, la del Unimarc y demases. Me tomé la micro, atestada de gente (no se preocupen, no fui victima de manoseos ni victimario de los mismos, aunque dado mi cartel de malo, debo admitir que se me pasó por la mente), la cual me dejó a merced de la democracia. De pronto me encontré haciendo dedo nuevamente, pero esta vez para bajar por la pirámide y lograr acercarme un poco más a mi dulce hogar. En esta nueva esquina las cosas eran un poco distintas. De partida, no era el único. Esto me alivió del complejo moral de ser un free rider del transporte público, pero a la vez, me significo enfrentar una competencia. Cuando estaba a punto de comenzar mi análisis competitivo para delinear una estrategia a seguir, caí en cuenta de que mis otrora colegas coyunturales lograban embarcarse con bastante fluidez. ¿Y a mí? Me ignoraban. Al cabo de unos minutos una camioneta se detuvo cerca de mi. Al igual que otros seis conciudadanos corrimos para abordarla. Era evidente que los siete no entrábamos, entonces uno de ellos la lanzó nomás: “hey rutsio… déjele espacio al pueblo po socio, tómese un taxi”. Risas generalizadas, y yo absorto, pasmado y triste por la situación. En 35 minutos pase de ser el delincuente psicópata mas temido de Lo Curro a ser un cabeza de pichí, pirulo de cuna preciosa. Yo era el mismo pero el escenario había cambiado. Pero ¿quién era yo realmente? ¿El bueno? ¿El malo?
Todo es relativo… que bueno que podemos descansar en eso.
-Publicado en Blog: www.emprendamos.cl

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Martín:
Lei tu reflexion y la encontré notable.
Me impresionó tu capacidad para abstraer algo tan profundo de algo coloquial, y hacerlo con una gracia bakán.
A todo esto, llegué aca por tu mamá, tamos saliendo de un taller en viña y me invitó a leer tu blog: WENISIMO.
De pasada te invito a visitar el mio: felipelandaeta.blogspot.com