
La cultura occidental cuenta con un fuerte arraigo valórico proveniente de la religión judeocristiana. En ella, se establecen los cánones de conducta de nuestras sociedades, las distinciones entre lo bueno y lo malo, y entre el cielo y el infierno. Más allá de nuestra creencia personal, estos valores están presentes en nuestra forma de mirar la vida. De esta manera, estamos domesticados de tal modo que matar nos resulta erróneo, así como no compartir y engañar a nuestras parejas... y además, nos parece sumamente lógico.
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